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    Ligar en la oficina

    Ligar En La Oficina


    "¿Tomamos una caña al salir de la oficina?". Ésa es la hora de la verdad. Hasta ese momento, todo han sido miradas de complicidad, sonrisas sugerentes, gestos insinuantes, cruces por los pasillos, encuentros fortuitos en la máquina del café, e incluso cosas más prosaicas como: "preciosa, ¿me das un Post it?" o "guapo, toma mi Tippex".

    España es, junto a Grecia y Holanda, el paraíso para enamorarse en el trabajo, según un reciente estudio de la consultora americana CareerBuilder. Ingleses y alemanes, por contra, son los menos propensos a este tipo de citas. Los españoles aspiramos, además, a lo más alto, porque solemos tener más encuentros con las mujeres y hombres que ostentan altos cargos en la empresa.

    Parecemos muy osados, pero también algo vergonzosos, porque un 77% de los españoles opta por mantener la relación en secreto. Y nos da vértigo el altar, ya que apenas un 17% estaría dispuesto a pasar por la vicaría. El flirteo empieza en la oficina, pero la seducción suele producirse fuera del trabajo (con la socorrida caña de cerveza en la mano), durante la comida, y en convenciones y viajes de trabajo. Sin olvidar la cena de Navidad, que empieza con los chistes sobre el jefe y termina en un coche con los cristales empañados.

    Las larguísimas jornadas laborales, las interminables reuniones, las comidas de trabajo o los viajes de negocios propician que los que en un principio son únicamente simples compañeros puedan convertirse en algo más. Si el cuarto de las fotocopias o las máquinas de café pudieran hablar...

    Aunque la escritora Shere Hite, en su libro Sexo y Negocios, defiende que las relaciones de pareja en el trabajo son sanísimas y tienen una tasa de éxito superior a las mantenidas entre no colegas, a los empresarios no les hace mucha gracia los flechazos en la oficina. Y eso que a veces son muy rentables para la empresa, porque con tal de estar con su amada, hay personas que no les importa quedarse horas y horas en la oficina. Por no hablar de cuando llega una chica nueva. Los compañeros se vuelven de repente tremendamente solícitos y trabajadores para ganarse su simpatía.

    Esto del enamoramiento ha provocado más de un escándalo empresarial. Ahí tenemos al ex presidente del Banco Mundial, Paul Wolfowitz, que triplicó el sueldo a su secretaria, con la que formaba pareja, y finalmente tuvo que presentar la dimisión. O el de Harry Stonecipher, ex consejero delegado de Boeing, al que pillaron intercambiando correos electrónicos de contenido sexual con una colega. Aunque lo que hizo sonar todas las alarmas fue el affaire entre el ex presidente Bill Clinton y la becaria Monica Lewinsky.

    Cuando un hombre y una mujer pasan juntos en el trabajo más horas que con sus respectivas familias es lógico que surjan amoríos. El 51% de los hombres y el 46% de las mujeres afirman haber tenido una relación sentimental con alguien de la oficina en alguna ocasión, e incluso el 13% de los españoles ha conocido a su pareja en el trabajo, según el CIS.

    ¿Y qué pasa cuando desaparece el amor? Las chispas saltan por toda la oficina. La ruptura sentimental entre empleados puede ser muy peligrosa para la organización, no sólo por posibles conflictos de interés, las suspicacias o el deterioro del ambiente laboral, sino por el menor rendimiento de los implicados.

    El problema de regular este tipo de relaciones es que supone una intromisión de la empresa en la vida personal. Hay compañías, como General Electric, que buscan trabajo dentro de la propia empresa a los maridos de sus empleados, mientras otras, como McKinsey, prohíben las relaciones entre compañeros de distinta categoría profesional evitando así que una socia evalúe a su marido.

    La oficina se ha convertido en España en el equivalente del barrio, y, por tanto, el lugar ideal para encontrar el amor.

    Son las diez, me voy corriendo al bar a tomarme un café y a ver si pillo alguna compañera que este libre esta noche.

    Todos Contra La Violencia De Género


    Violencia de género

    Isabel Gutiérrez es Presidenta del Consejo de la Mujer de la Comunidad de Madrid. Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 48

    La violencia contra las mujeres está vinculada al desequilibrio en las relaciones de poder entre los sexos en los ámbitos social, económico, religioso y político, pese a todos los esfuerzos de las legislaciones en favor de la igualdad. Constituye un atentado contra el derecho a la vida, a la seguridad, a la libertad, a la dignidad y a la integridad física y psíquica de la víctima y todo ello supone, por lo tanto, un obstáculo para el desarrollo de una sociedad democrática. La violencia que padecen las mujeres comprende cuatro modalidades, que van desde la agresión física -con resultado de muerte en multitud de ocasiones-, la violencia sexual, la psicológica y la económica.

    Los datos estadísticos revelan que entre un 35% y un 40% de mujeres que viven emparejadas sufren malos tratos físicos o psíquicos por parte del hombre, lo que permite afirmar que miles de mujeres están bajo amenaza de muerte.

    En 1997, en nuestro país, solamente por agresiones físicas se han practicado 18.872 denuncias, lo que significa apenas un 5% de la violencia real, toda vez que la mayoría de los abusos no se denuncian a la policía, principalmente porque no existen instrumentos jurídicos, sociales y económicos adecuados que protejan a las víctimas, lo que hace que la violencia contra las mujeres siga siendo en gran parte un delito invisible. 75 mujeres, según datos del Ministerio del Interior, han muerto a manos de sus maridos o compañeros, 3 de las cuales fueron inmoladas por el fuego; 350 mujeres sufrieron lesiones de consideración, que van desde el apuñalamiento, fractura de huesos (rotura del tabique de la nariz, rotura de miembros); otras lesiones de consideración son la pérdida de audición por rotura del tímpano y la perdida de visión parcial o total de uno de los ojos; en un porcentaje, no cuantificado hasta el momento, habían sufrido violación. Y todo ello con el agravante de que la mayoría de los ataques por el agresor, letales o no, se efectuaron en presencia de sus hijos, creando a menudo un ciclo de violencia que se perpetúa de generación en generación.

    Ante los trágicos acontecimientos que están saliendo a la luz, surgen las siguientes preguntas ¿Por qué esta oleada de asesinatos a mujeres? ¿Qué está pasando? ¿No será que la difusión de casos como el de Ana Orantes, quemada viva en Granada, provoca que se produzcan más agresiones?

    La perplejidad de la sociedad ante tanta violencia no deja de sorprendernos, cuando las agresiones familiares no son un fenómeno producto de la sociedad actual, sino una tragedia que ha estado siempre presente en muchas familias; la mayoría de las personas conocen algún caso de malos tratos, en el entorno familiar o vecinal, pero se han silenciado bajo el pretexto de que la violencia doméstica es un asunto privado.

    Con esta actitud, nuestra sociedad está siendo cómplice de esas muertes, que no podemos por menos que calificar de auténtico terrorismo doméstico. Tampoco debemos olvidar que la mortalidad de mujeres por esta causa, supone diez veces más que el número de víctimas que se cobra el terrorismo político y la sociedad no ha reaccionado. ¿Es que la vida tiene diferente valor, según se trate de una mujer o de un político?

    Y queremos decir BASTA YA a tanta violencia, a la pasividad de los gobiernos que no aplican una política adecuada que prevenga y persiga esta violencia, a la ligereza con que jueces y fiscales aplican leyes que permiten al agresor acercarse a su víctima, cuando no se les condena a vivir bajo el mismo techo (el 98% de las víctimas muertas había denunciado y estaba separada o en trámites de separación del agresor).

    Reclamamos al Gobierno medidas de carácter urgente y permanente, y no meras declaraciones de intenciones, producto de la precipitación, insuficientes y carentes del contenido necesario para llevar a cabo un verdadero plan de choque, elaboradas sin contar con las Organizaciones de mujeres y sectores sociales afectados, algo impensable cuando se tratan otras materias (no se entendería que el Gobierno acometiera un plan contra las drogas o una reforma laboral, sin antes haber consultado con Asociaciones y Sindicatos implicados).